lunes, 11 de abril de 2011

Siglo XX. La economía. La visión de Aróstegui.

“El arco temporal que abarca desde 1914 hasta fines de siglo está caracterizado como uno de sus rasgos principales, por la dinámica de las transformaciones económicas y de la innovación tecnológica generadas por el capitalismo, en el marco de relaciones dominadas por el mercado. El volumen de la producción y los intercambios, luego de una etapa de crecimiento sólo discreto entre las dos guerras mundiales – 1,9 por ciento de promedio anual-, experimentó una expansión inédita. Los trabajos realizados por Maddison (1997) muestran que el incremento del Producto Bruto Interno (PBI) mundial alcanzó entre 1950 y 1973 el fantástico promedio del 4,9 por ciento anual, casi duplicando los valores correspondientes al período 1870-1913 (2,7 por ciento anual), un período histórico de muy positivos resultados económicos. A su vez, entre 1973 y 1992 la tasa de crecimiento se redujo al 3 por ciento anual. Sin embargo, esa dinámica se verá afectada por dos factores perturbadores: la inestabilidad del crecimiento y la incapacidad para concretar una distribución equitativa de las rentas generadas tanto en el interior de cada espacio económico nacional entre los distintos sectores sociales como entre las diferentes economías nacionales en el marco del ‘sistema mundial” (Aróstegui, El mundo contemporáneao. p. 417) “... la recomposición del sistema técnica verificada tras la crisis de los años 70 fue el resultado de la convergencia entre las oportunidades generadas por un conjunto de nuevas tecnologías –la electrónica, la biotecnología, los ‘nuevos materiales’- y una demanda social cada vez más exigente. Esta última se planteó en términos de una diversificación del consumo, de la exigencia de productos menos uniformes, de calidad garantizada; no se trataba de una desaparición de la sociedad de consumo sino de su reconfiguración bajo nuevas premisas. Frente a esta nueva realidad, se produjo una aceleración del cambio tecnológico que se manifestó de manera especial en terrenos como los materiales industriales y las llamadas ‘tecnologías de la información’. Respecto de los materiales, se trató, por una parte, del desarrollo que experimentaron los plásticos –impulsados por los shocks petroleros-, las cerámicas y los ‘materiales compuestos’ (fibras de vidrio, resinas) y, por otra, de las modificaciones que se produjeron en la tecnología de materiales tradicionales como los metales, el papel, etc. (...) Por su parte, la historia de las tecnologías de la información desde la década del 70 –microelectrónica, informática, telecomunicaciones, optoelectrónica- es la demostración clara de un proceso de convergencia tecnológica que condujo a la conformación de un sistema de redes integradas a escala mundial; (...) Tres tecnologías de base, la de componentes electrónicos, la vinculada con la transmisiones y la de la digitalización, se combinaron en una dinámica interactiva hasta acelerar y hacer posible la fusión de un sistema de tratamiento de la información –la informática- y un sistema mediático de creación de imágenes y sonidos.” (792, 793) “Uno de los aspectos significativos de la nueva realidad tecnológica ha sido la aplicación de los sistemas informáticos al diseño y el control de los procesos, la llamada ‘tecnología de gestión’. A la automatización y solución de numerosos problemas emergentes del trabajo de oficina, se agregó una nueva racionalidad en la operación coordinada de los shocks y de la producción con el objetivo de reducir los inventarios. Se concreta así lo que ha sido denominado ‘sistema integrado de administración, producción y comercialización ‘ (Saborido y Berenblum, 1999). El avance tecnológico permitió pasar del sistema de grandes plantas y producción uniforme a un esquema flexible de unidades adaptables a una creciente diferenciación de los productos; su valor reside en la capacidad de satisfacción de un mercado consumidor cuyos deseos son minuciosamente estudiados, provocados y reemplazados por la racionalidad de las leyes de la comercialización.” (794)

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